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El Hombre que regalo la Luna. ( parte 2 )

viernes, 17 de abril de 2009




...La vio, venir por el pasillo, sola como siempre, bella como siempre. “Estrella mi vida, me estoy muriendo sin tus besos, y lo único que te pido es que me dejes hacerte feliz” Le dijo el hombre de rodilla ante ella, con hermosas flores extendidas, pero el gran problema era que muchas ya estaba decaídas, sus poemas se le fueron de la cabeza, y lo que dijo no produjo alguna respuesta en ella. “No lo sigas haciendo, pierdes tu tiempo” le repite ella. Se iba y él se sentía tan incapaz de hacer algo. Lo único que le vino a la mente y que fuese romántico fue decirle “No sabes cuanto te amo, que seria capaz de regalarte hasta la luna con tal de que me digas que si” Estrella se detuvo, voltió y lo miró con los mismos ojos de seriedad, el hombre estaba esperando que le repitiesen lo mismo pero ella le preguntó “¿La luna?” “Si la luna, el sol y todo lo que quieras” respondió él. “¡No, no! Solo quiero la luna.” Le dijo seriamente ella. “La luna es tuya” respondió inmediatamente él. Ella ya no era la misma de antes, una hermosa sonrisa brotó de sus labios, y salto a los brazos del hombre a besarlo. A los cinco días después se casaron por la iglesia. En el trabajo a ella, sus compañeras, la odiaban, Raquel ya no le hablaba, solo por los celos. Pero el hombre una gran noticia recibió, el jefe le dio el ascenso inmediato a subdirector, solo por su buena facha que irradiaba confianza y buena suerte por donde se le mirara. Cuando él le menciono la palabra luna de miel siento mil fuegos en el cuerpo de Estrella quien hizo que su viaje de recién casados fuese el más románticos de todos. Ante tal cariño el hombre prometió juntar cada peso que ganara, para poder comprarle la luna a su dama. Pero con el pasar de los años, la promesa pasó a ser un montón de palabras. Ella anhelaba tanto tener la luna, pero él le decía que eso fueron solo versos de amor, que comprar la luna es imposible. “Tan imposible como habría sido este amor” le respondía ella. Llego a amenazarlo con terminar la relación si no le compraba la luna y al verse el hombre en esta situación, decidió llevarla en estos viajes a la luna, que ahora se podían realizar. Ella con gusto acepto. El hombre quedo confuso. ¿Qué era lo que ella quería en verdad? Se preguntaba sin parar, pero con un beso esa noche Estrella lo hizo calmar. El viaje no se hizo de la noche a la mañana, pasó un año hasta que pudo al fin viajar. Él sabía que Estrella no lo amaba, pero estaba tan enamorado que cualquier cosa haría para pasar un día más, solo con ella, nada, ni nadie mas importaba. Hoy día al hombre se le ve mirando todas las noches hacia el cielo desde la ventana de su cuarto con una botella de tequila en su mano, los ojos cristalinos, y su rostro casi muerto. Es que aquel día, cuando la llevó de viaje a la luna, Estrella comenzó a sentirse extraña. Primero dejo de hablar, ni una palabra se le escapaba, luego estaba contenta al ver que ya estaba cerca de la luna. Al final del viaje ella se sacó la ropa y al descender de la nave su piel se volvió tan pálida que paresia iluminada, y así como por arte de magia la dulce dama se convirtió en estrella, y no porque su nombre así lo fuera, sino porque en realidad por mucha belleza que irradiara mujer no era, ni lo fue. Así lo entendió el hombre. “La mujeres son muy simples” se decía. Nunca amó a las mujeres y a la única que amó era tan mágica que no podría ser humana sino una estrella perdida en la tierra. Y así paso toda su vida, esperando por las noches, que alguna de las infinitas estrellas fuera ella y que bajara a su ventana para que se lo llevara hacia las oscuras profundidades del espacio, que no fuese nadie más que su Estrella. “Yo se que en el fondo ella me ama” se decía.
Se dice que pasó su vida entera esperándola con una botella de tequila, que nunca mas volvió a comer y que era el veneno del alcohol quien lo llevo a su muerte. Toda la gente lo miraba por su ventana como estatua mirando al las estrellas, hasta que una noche ya no estaba asomado, mucho dicen que ella se lo habría llevado, pero otros dicen que nunca existió un hombre enamorado de una estrella y que esa casa siempre ha estado abandonada.
Yo, no tengo idea.

El Hombre que regalo la Luna. (parte 1)

miércoles, 11 de marzo de 2009




Hubo un hombre alegre pero que ahora no lo es. Nunca fue muy atractivo ni agraciado, es más, pasó casi toda su vida solo. Nunca se sintió enamorado, las mujeres eran demasiadas simples para él. Era lo que él se decía a si mismo, porque la verdad nunca una mujer le besó ni siquiera una mejilla y a que podía aspirar aquel hombre con tan mala fortuna. Pero un día cualquiera, así como cualquier día que viene y como esos otros días que se van, conoció a una chiquilla que de un flechazo lo amarró a sus pies, Estrella se llamaba, ¿Y como lo supo? La escuchó mientras hablaba con Raquel, su compañera de trabajo. Como un espía la seguía hacia donde fuera que ella iría, incluso casi entra al baño de mujeres pero fue la moral del hombre quien detuvo su acto. Un día de estos, fue sorprendido por nadie más ni nada menos que por Estrella, cuando él con el cuello entre los hombros, y la espalda inclinada caminaba tan sigiloso como rata a sus espaldas. Sin bacilos ni demora ella se detuvo y voltió, quedando face to face con él. “¿Por qué me sigues?” preguntó encrespada, “Porque eres bella” respondió el hombre con el rostro de todos los colores. Ella con su mirada imponente, lo mira fijo y le dice con frialdad “Pierdes tu tiempo, no lo vuelvas a intentar” El hombre, que con esas palabras de regalo, se encierra en su casa por toda una semana. Lloraba en la mañana, al mediodía, la tarde y en la noche entre sueño y pesadilla. Se preguntaba porque era ella, y solo ella, la que su mente volaba, ¿serán sus ojos? Se preguntaba, quizás sea su boca, o talvez era su cuerpo, o era su personalidad, de la que él nada conocía. No entendía, que era lo que lo hacia sentir enamorado, pero se prometió a si mismo que ella seria su esposa costase lo que costara. Junto dinero, mucho dinero y con cirugía láser arreglo su cara y su cuerpo. Si es que alguna vez ha existido un príncipe azul ahora se le podía ver en vivo. Llegó ese día al trabajo y nadie le reconocía, buscaba en cada escritorio la mirada de Estrella, la cosa es que entre todas las caras de las mujeres vio que todo los ojos lo miraban pero menos los de ella. Fue a su escritorio y ya no eran los ojos de las mujeres quienes lo seguían, eran también los hombre que se preguntaban “¿Y este de donde salió?” Golpeó el escritorio de Estrella, y le dijó dulce y fuerte “Estrella mírame, ahora soy distinto, ¿Quieres tú casarte conmigo?” Ella lo miraba con la misma mirada de antes “Pierdes el tiempo” le repitió y volvió a lo suyo. Las mujeres de la sala, gritaban desesperadas, “Yo quiero” “Elígeme a mi” y un sin fin de cosas más que no puedo escribir en este cuento. Algunas se le lanzaron encima y al final tuvo que salir corriendo antes de ser devorado por mujeres prendidas al fuego puro. En su casa llegó a pensar que estaba mal. Estaba claro, en toda su misericordiosa vida, jamás aprendió a amar y era probable que sus métodos fueran pocos adecuados para la ocasión, algo más de romanticismo arreglaría esta situación. Estuvo una semana entera encerrado en la biblioteca leyendo poemas y cuentos de amor, vio películas, series, miraba a la gente en su vida cotidiana como desarrollaba esto llamado amor. Volvió a la oficina pero esta vez decidió no entrar, se acordó de las mujeres que lo hicieron arrancar. Espero alrededor de 5 horas, con un ramo de flores que se marchitaba, un millar de poemas que en su cabeza se borraban. Nadie jamás podrán explicar el poder del amor, como que es que este hombre pasó todo un día sin comer, tan solo con el corazón latiéndole cada vez mas fuerte entre mas se acercaba el fin de la hora laboral...


**Imagen sacada de => http://sarafdez4.blogspot.com/

3 por 5 mil (editado)

sábado, 22 de noviembre de 2008


Otra mañana, un día más y sus horas, es lo único que le ha quedado con el pasar de los años a Dionisio. Como es normal, común y corriente, para mantener su pobre vida sale todos los días a vender de casa en casa. Como estábamos ya en verano, se pudo conseguir a un buen precio cajas de frutillas de su primo, las guardaba en cajitas de plástico y vendía cada caja en dos mil pesos y tres en cinco. La mañana no estuvo tan mala, pudo vender casi treinta cajas y eran pocas las que les quedaban hasta que llegó a la casa número trescientos sesenta y cinco ¿la calle? ...Nunca se fija en eso. La casa, como todas en Chile, tenia una reja de dos metros de alto casi, y solo unos cuantos metros mas desde la casa a la calle. No encontró ningún timbre, ni campanita, ni nada por el estilo. Así que con el anillo en su dedo pulgar, comenzó a darles golpecitos a los tiesos y helados fierros de la reja.
-¡Alo! -grito al mismo tiempo que golpeaba con su anillo.
Espero, no muchos segundo, y una señora de edad abre la puerta, el gesto en su cara no era normal, era algo así como algo asustada. No dice ninguna palabra, pero le habla con sus ojos, hace un gesto con la cabeza, que fácilmente se entiendo como ¿Que onda? o ¿Que pasa? o ¿Que queri? Pero obviamente llegando al caso, lo que le quiso decir es, ¿Que quiere joven?
-Hola -le dice esperando una respuesta- Ando vendiendo frutillas, no se si le interesa.
La señora pareciera estar interesada, eso porque su rostro cambio. Era extraño como Dionisio estaba ahora leyendo los ojos y los gestos de la señora porque no decía ni una palabra. La viejita se le acerco a la reja, pero no le abrió. Como aparentemente la señora no iba a decir nada, él decide seguir contándole acerca de las frutillas.
-Mire, vendo cada paquete a dos mil pesos y si lleva tres se lo dejo en cinco. ¿Que me dice?
La señora abrió la boca así como de sorprendida pero no salio ni un suspiro de sus labios. La situación se ponía un poco incomoda para Dionisio, no sabia que le pasaba a la señora.
-Mire, están fresquitas y súper dulcecitas -insistía.

Cuando la viejecita empezó a hacer gestos con la mano, algo así como que quería 3, él dio por sentado que era muda. Y como siempre en estos casos, como que esto de la mudes se pega, también dejo de hablar, y le hacia el gesto con la mano de OK, tomo tres paquetes y le indicaba haciéndole muecas con la boca, levantando los cinco dedos de la mano queriendo decir "Son cinco Lucas". La señora tomo las frutillas e imito el gesto de la mano, pero esta vez ella decía "vuelvo al tiro". Con las frutillas en la mano, la señora entro a su casa y cerro la puerta, Dionisio estaba un poco confundido, pero se dijo así mismo: "Tranquilo esta señora no te va a robar las frutillas" Y así se quedo esperando afuera de la reja, mientras empezó a mirar los billetes en su bolsillo, se puso a ordenarlos, y esperaba y esperaba. "Pero es posible, ósea, es vieja pero no tonta" se puso a pensar "quizás fingía ser muda... pero... ¿Que diablos hago ahora?" su propio subconsciente se contradecía a si mismo "Quizás como es viejita se le olvido que estoy acá afuera, voy a llamarla de nuevo" Se puso a golpear con su anillo y decir "Alo, Alo". Pero nadie respondía, miro las ventanas y nada, ni una señal. Empezó a impacientarse y golpeo mas fuerte y ahora se puso a gritar "¡Alo, Alo!" y nada ocurrió. Nunca le paso algo parecido, así que entre su propio bochorno interior y su mente confundida, decidió llamar a la policía.
-¿Alo? ¡Hola! sabe tengo un problema aquí -le decía al señor carabinero que le respondió el llamado- estaba vendiendo como todos los días por cada casa pero ahora le vendí a un señora...
-¿Que vende usted? -le pregunto el oficial.
-Bueno de todo un poco... hoy estaba vendiendo frutillas.
-Entiendo, prosiga.
-Y bueno como le decía oficial, hoy le vendí a una señora mis frutillas pero ella entró a su casa con ellas y no ha salido.
-¿Y cual es el problema?
-Es que no me a pagado y no se que hacer.
-¿Donde esta? Como no sabia la calle, miro a las esquinas, que estaban bastante lejos.
-A ver, espere un poco.
Sin saber si hacerlo o no, corrió hasta la esquina y vio el nombre de la calle, pero no recordaba el numero de la casa así que se devolvió de nuevo corriendo.
-Amena, 365, es la casa.
-Estaremos ahí en algunos minutos.
-¡Gracias! Ya resignado a que la señora no saldría de su casa, se sentó en el piso apoyado en la reja. Espero unos diez minutos y llego una patrulla. Les explico la situación, a los dos oficiales que bajaron del auto. Pero la situación también era muy confusa para ellos, era una anciana la culpable, no era un caso fácil. Los carabineros parecian conocer a la señora, ya que vieron la casa y uno le dijo al otro: “aquí vive la señora Mercedes, lo mudita.”
-¡Alo, Alo! -gritaban los oficiales- Señora Mercedes, somos carabineros de Chile, por favor abra la puerta.
Pero no fue distinto que antes, la puerta no se abrió y ni una señal de vida se dejo ver por las ventanas. Al final decidieron forzar la puerta, primero la reja y luego la principal, pero cuando los tres hombres entraron lo que vieron no era nada de lo que por sus mentes había pasado. La señora estaba tirada en el suelo, con las cajas desparramadas por el suelo y una firmemente agarrada en su mano. Los carabineros llamaron a la ambulancia rápidamente. Dentro de la casa no había nadie mas, un oficial al ver el cadáver vio una profunda herida en su frente, y miró inmediatamente a la mesa de centro que estaba con sangre en una de sus puntas.
-Es probable que la señora se haya tropezado y se haya golpeado en la cabeza, pero no veo con quien se pudo tropezar.
- Recuerdo que ella sufría de problemas cardiacos, es muy probable que le haya dado un ataque al corazón- le dijo un oficial.
Dionisio estaba realmente impactado, y demasiado confundido, ahora no sabía si tomar las cajas de frutillas de la difunta o dejarlas ahí y quedarse sin la plata ni frutillas, Fin.

Historias de Ratones...

domingo, 20 de julio de 2008

aam... el otro día en mi trabajo (de ""bibliotecario"") estaba, como es de costumbre, ingresando libros, estaba justo con los libros infantiles y me di cuenta de que me gustan, no son solo cuentos para cabros chico, es el mundo más fantástico en unas cuantas hojas, con letras del tamaño mas cómodo y con pocas palabras que cuentan mucho... mi cerebro no se cansa y es feliz.
La cosa es que entre todos esos libros hubo uno que me intereso mucho, se llama Historias de ratones de Arnold Lobel. Son historias muy fantásticas, muy.... no sé como es la palabra... muy sarcástico mmmm no sé algo así. Bueno aquí les dejo unas imagines de uno de los tantos cuentos que trae.



FIN!!


No queda otra.

lunes, 12 de mayo de 2008


Nunca me han gustado los amos, por eso escape del mío. Odiaba estar encerrada, restringida, sentir la asfixia de no ser libre. Podría tener su cariño y amistad oportunista, pero hay muchas cosas más que necesito para en verdad ser feliz.

Estuve junto a él, afuera en el patio de adelante, como siempre salió a limpiar la vereda y dejó la reja abierta. Cuando fue el momento salí corriendo lo más rápido que pude, sin mirar atrás y sin saber, ni pensar a donde iré.

Sentí un aire tan fresco en mi pecho, era la libertad, era el desenfreno, eran sus gritos diciendo mi nombre y yo, por primera vez, no hice caso a sus llamados. Corrí, corrí y corrí, sentía mil cosquillas por dentro que no pude aguantar las ganas de orinar. Al detenerme me encontraba en otro mundo, estaba lejos, bien lejos, muy distinto a mi antiguo hogar o celda como debería en verdad llamarlo. Estaba rodeada de enormes edificios, había muchas personas, no existía rincón donde no hubiese gente, y más de algunos perros, palomas y ratones. Empezó a hacerse tarde, sentía hambre pero al no tener un amo que me diera de comer, debí buscar por mi cuenta algo, al menos similar al alimento. Sentía frió, pero ya no tenia un lugar tibio donde reposar y el piso se hacía más frío mientras la noche caía y así se iba mi primer día, de libertad. Me recosté bajo un árbol y cerré los ojos dejando que se fuera.

Ha pasado una semana y media. Días comiéndome las ganas de volver, días comiendo basura, vagando por el centro comercial, durmiendo bajo las frías estrellas. Hoy en la mañana vi muchos perros alrededor mío, no entendía lo que pasaba, se iban acercándose lentamente, cuando entre ellos una perra me gritó: ¡Corre, estas en celo! Corrí, al igual que cuando me escape, sin saber a donde marchar. Todos los perros venían de tras, como endemoniados. Y así, por calles y calles. Pensaba en mi amo, como quería estar en su patio junto a él, comiendo deliciosa comida y durmiendo cómodamente. Quería sentir que pertenecía a alguien a que ser hija de la suerte.

Mis piernas estaban acalambradas, no sabía en que lugar me hallaba, y los perros aun se podían divisar corriendo. Creo que ya no puedo seguir escapando, ¿Hacia donde se encuentra mi amo? ¿Será el precio de la libertad? ¿Qué harán de mí aquellos perros? Da igual, no tengo fuerza para seguir escapando, ya no me queda otra.

El odio abunda en la boca del odioso.

sábado, 26 de abril de 2008


Odio cuando son las once de la mañana porque empieza el día, porque debo renunciar al sueño y abandonar el lecho. Cuando estoy despierto mi estomago me pide punzantemente alimento, y detesto pensar cuantos pasos tendré que dar para llegar a la cocina y mucho mas darlos.

Que abrumado me siento al tener frente a mi la misma comida de todos los días, en el mismo hediondo plato, con la misma leche agria y en el mismo rincón oscuro de la casa. Constantemente he pensado que ellos me odian, del mismo modo que yo los odio. Por más que busque donde escapar no logro encontrar la salida, la puerta siempre esta cerrada, las ventanas son muy altas, los suficiente como para querer tratar de alcanzarla, como odio esta casa, quien sabe como diablos llegué acá si hubiese dependido de mi preferiría morir ahí mismo a que poner un bigote en esta prisión.

Son las cinco, odio cuando el tiempo pasa sin descuido, y ahí llega él y ella, odio cuando vuelven, si no fuese por que me alimentan… los odiaría más aún.

Como es habitual él me llama desde la puerta mientras cuelga su chaqueta -¡Domitilo! ¡Domitilo!- gritaba, sabiendo bien que no iría. Se sentó en el sillón al lado mío, me hizo, como es rutina, el desagradablemente cariño en mi cuello. Mordí bruscamente su dura y seca mano y me fui -¡Cada día más odioso está ese gato!- le dijo a su esposa, -Es solo un gato…- respondió ella.



entrada nº 50!! yupi!!

La Muralla (parte final)

lunes, 28 de enero de 2008


Una piscina gigante, con enormes trampolines y con mucha gente que en nada se parecía a la gente de la ciudad, había un olor a limpieza, a pureza, el cielo de color celeste, el aire era distinto a la de la ciudad ¡Había pasto! ¡En abundancia! Árboles, aves y bellos animales.

La extraña gente de pelos con colores claros, cuerpos blancos y esbeltos, quedaron estáticos, mirando al pequeño Pericles. Dejaron de lado su juego de “poker”, sus “martinis”, de lado al mayordomo, sus diamantes, sus bronceados, sus placidos descansos en el agua y sus saltos en el trampolín, por un mocoso de piel morena y mas oscura aún por el sudor y el piñen. Lo último que vio Pericles, fue a Samuel Leiva entrando por la oxidada puerta del suelo, lo miró sorprendido más que nada impactado y luego miró a un gordinflón que estaba en el agua y le hizo una seña con las manos. El dueño del “Ramón” tomó una escopeta y le disparó justo en la frente a la altura de las sienes.

Samuel fue a devolver a los padres de Pericles la bicicleta del difunto niño que mucho antes le había pertenecido a algún niño del otro lado. Le contó lo ocurrido a su padre, que en sollozo le dio las gracias.

La hermana menor al ver la bicicleta se acerco a su padre para preguntarle donde estaba Pericles, el miro con pena el metal en sus manos y dijo:

-¿Pericles? –de manera seca el padre.

Y se fue a enterrar la vieja bicicleta. Diciéndose para si mismo en voz alta, así es la vida, así lo quisieron, por algo esta el muro, así lo quisieron… botó una lagrima que destrozó su tosco cuerpo y dejo una gota deslisandose entre los rayos de la rueda.

FIN

La muralla (2ª parte)

sábado, 12 de enero de 2008


En aquella tarde, con un sol que atravesaba más de lo normal el oscuro y espeso aire de la ciudad, las manos les temblaban al acercase a su bici, como es común, a las tres con algunos segundo, no mas, para ir en busca de un nuevo muro, pero estaba vez seria el ultimo.

Se fue a una velocidad media, estaba distraído, pensando en muchas cosas. Sí, seria el último muro, ¿Y después que? ¿Qué haría después? También la incertidumbre de que tal vez ahí, en ese metro cuadrado se encuentre la puerta de salida de la que solo sabe Samuel Leiva, el dueño del basar del “Ramón”. Que solo él sabe hacia donde se sale, se entra, el como, el porqué y ser él, solamente él quien lo sepa.

Se detuvo, miró su mapa, se fijó en las murallas con sus números respectivo, que el mismo puso. Estaba cercar, solo tenia que dar la vuelta a un edificio enorme, quizás el más grande de por aquí, con cinco pisos de altura, de seguro podrían ver al otro lado del muro. Acelero, titubeando, dio la vuelta y se encontró con una muralla muy distinta a todas, a un lado había una pequeña puerta oxidada a tal punto de ser completamente café y al otro lado, una muralla que estaba llena de musgo, húmeda, con hongos por todos lados. Tan húmeda estaba que incluso un chorro de agua serpenteaba toda la muralla.

Quedo tan asombrado, impactado, ametrallado por este muro tan misterioso, que no aguanto las ganas de saber que había detrás. Intento abrir la puerta pero esta no tenia cerradura. Puso la bici de lado apoyada a la pared, puso sus pies en el asiento en que muchos traseros habrían pasado por él, pero pies, nunca, nunca. Luego puso un pie en los manubrios, estiro sus manos pero aun le faltaba por llegar, sin pensar en alguna clase de peligro, saltó y logró con sus dedos apoyarse en el mojado borde del muro, subió y se sentó para mirar, pero lo que miró, nunca lo había visto antes, ni imaginado, incluso, en algún raro sueño...

La muralla. (1ª parte)

sábado, 8 de diciembre de 2007


Una pared más para Pericles. Andando en su “vieja bicicleta”, ha recorrido la ciudad en que vive, hasta el límite: una extraña pared de ladrillos más o menos de unos tres metros y medio, enorme para este pequeño.

El día en que su padre le trajo para navidad una bicicleta que compro en el basar de “Ramón” el único que conoce la salida de la ciudad y trae cachureos de segunda mano que por aquí es la ultima novedad, si es que se puede decir así. Salió en ese mismo instante a lucir su nueva bici, que de nueva tenía solo el dueño, cuantos traseros se habrían posado ahí, pero que les importa, es lo mejor de lo mejor, dentro de la ciudad. Cuando aprendió a manejarla por completo salía a las tres de la tarde en punto y volvía a las seis con minutos, pero justo para la once, y la primera muralla que encontró fue justo a la vuelta de de su casa, por una larga calle sucia, húmeda y vacía. A solo cinco cuadras encontró aquella sorpresa que no sé explicaba. ¿Qué demonios hace una muralla ahí? Fue la pregunta que no supieron responder sus pobres padres.

-El muro siempre a estado, es parte de la ciudad. –dijo su padre.

-No le busque la quinta pata al gato, ¿Quién se pregunta porque el cielo esta arriba? –dijo su madre.

Y así continuó esta rutina. Feliz se sentía cada vez que topaba con una muralla nueva, sentía que topaba con el fin del mundo, y así fue conociendo muralla tras muralla. Dibujo los bordes de su ciudad guiándose por las murallas. Cuando vio que a su mapa le faltaba la última muralla para toparse con el punto de inicio, sintió un cosquilleo inquietante en su estomago, en su espalda, en el pelo, en todo su cuerpo...

Calo: ¿Alimenta sus sueños?

domingo, 25 de noviembre de 2007


Me puse a tomar Calo, un poco tarde quizás; es que cuando niño, quería ser micrero, como mi padre, luego bombero, después futbolista, músico, doctor, abogado… incluso presidente. Hasta que dejé estos sueños o “fantasías” como dice la gente.

Trabajo en un simple empleo, me visto de tristes colores, corro por el centro (como todos) sin saber porque, me siento como un simple pelo del velludo mundo.

Desde ahora tomo Calo, no es que haya olvidado mis “fantasías”, solo vivo lo que llaman realidad. Tomo Calo, es lo único que ofrece santiago para soñar.

Transanteamo: Planifica tu viraje.

lunes, 19 de noviembre de 2007


Ella lo mira, sabe que es mirada, es verano y su polera tiene un gran escote. Él se pierde en la ventana no sabe si embobarse con aquel cuerpo de doncella. Se desean mutuamente, en silencio, atornillado a sus puestos. Ella nunca vio, ojos marrones tan fogosos. El jamás conoció la tersa piel de un ángel. Se miran, sin esquivar sus miradas, quietos como momias pero tan vivos como lava. Ella se pone de pie y camina hacia él, toca el timbre, se abren las puertas de la micro y se baja. Al rato él la olvida y ella también.



Gracias

Primer Paso (3ª y ultima parte)

miércoles, 14 de noviembre de 2007


Sentado en la oscuridad, veía como la gente entraba al departamento, mirando para todos lados, para saber que nadie los ve, antes de entrar. Todos usaban sombreros y jockey, de distintos colores. “Algo así como para identificarse, creo” pensaba mientras se lo carcomía el aburrimiento. Sin tener nada que hacer, se dispuso a leer lo que era el cuarto paso.

“Cuarto paso: De seguro debes estar muy aburrido. Espero que no se te haya olvidado la razón de todo esto. Sí, de seguro ya estas temblando, pero solo debes esperar a que empiecen a salir y aprovechas para entrar. No te preocupes por ellos, no saben ni siquiera quienes están conmigo, pero ellos confían, saben que todo se hace como yo lo ordeno. ¡Ah! Antes que se me olvide, él te estará esperando en el cuarto del fondo.”

Aquella noche cuando mato al jamaicano, el oficial lo subió a su auto de trabajo; escondió el arma en un bolso que tenia debajo del asiento. Lo llevo hasta la Dehesa, en una casa inmensamente enorme, donde solo había visto ese tipo de casa en películas gringas.
Era donde decía que vivía el “jefe”. No le gustaba mucho la idea de entrar en esa casa, pero no tenia otro remedio, el oficial no lo dejaría ir. Lo hizo esperar afuera de una enorme puerta de roble, no se escuchaba ni el más mínimo balbuceo, era tanta su curiosidad que puso su oreja en la puerta y lo único que escucho era el crujir de la cerradura abriendo la puerta. “Pasa muchacho” le dijo el policía. Sintió al entrar que aquella enorme habitación abundaba de importancia, la alfombra era muy distinta a la de afuera, sus pies se hundían en ellos y sus pasos no se escuchaban. Muchos cuadros, animales disecados, un minibar con mas tragos que uno de verdad, incluso una mesa de pool y al final una enorme mesa de madera y un hombre viejo, pero sin canas, sentado en una enorme silla de cuero, analizándolo de pies a cabeza.

-Tome asiento por favor y tú, hablamos mas rato –le indico al oficial –no es habitual que uno de mi hombres traiga a otro y menos que hablen conmigo directamente, pero Finol es de mi confianza y lo que me acaba de pedir no me párese tan descabellado. Notaba la total desorientación del muchacho. Empezó a moverse en la silla y continúo. -Para empezar me gustaría saber como te llamas.
-Calixto Cruz, señor.

-Bien, y ahora, dime –buscando la palabra mas apropiada, frunciendo las cejas -¿Por qué acecinaste a ese hombre?
-Por amor, supongo.
-¡Amor! ¿Acaso eres del otro bando? –entre risa.
-No señor, yo amo a la mujer que salía con el.
Se queda tieso, la mueca en su rostro desaparece, lo mira serio a los ojos, casi con ganas de estrangularlo.
-Bueno, coincidimos en algo muchacho –lo dice mirando esta vez sus manos –los dos pensamos en que ese tipo no era hombre para “mi hija”. El joven no sabe que decir.
La manera de cómo recalco “mi hija” no le sonaba agradable. “Quizás me va a mandar a matar” pensó.

-Pero tú, tampoco estas a la altura.

-¡Pero yo la amo! –le salio sin querer.
-Entiendo – se quedo pensativo –en verdad podríamos negociar todo esto. Hay un hombre que me esta debiendo demasiado. No vallas a pensar que todos mis hombres son acecinos. El cabo Tinel, me ha estado debiendo, pero me paga con sus servicios aprovechando de que es policía, el perfecto jardinero que corta la cizaña de mi jardín. ¿Me entiendes? –el joven asintió con la cabeza –Pero esto a él le crea muchos problemas y me a traído a ti, la herramienta ideal. Un joven dispuesto a matar por amor.
Soltando unas carcajadas, se pone de pie, y le estira la mano a Calixto. -Entonces ¿hacemos el trato, señor Cruz?
-¿Pero que debo hacer?
-¡Ya lo sabrás! Lo importante es porque lo harás –estrechan la mano, la firme y confiada mano del señor Hans firma el trato con la tímida mano del joven –Téngase mas confianza muchacho, la necesitara.


“Quinto paso: Tenga su arma lista y al sangre fría"

Al entrar al departamento vio que todos salieron y en el fondo, de una pieza, salía una luz. Con el arma, puesta con silenciador, en la mano empezó a caminar lentamente. Estaba en frente de la puerta, se demoro en abrirla, no estaba seguro de lo que hacia, miro hacia el techo, contó hasta tres y entro. En la cama de la habitación estaba sentado, con el sombrero en las manos, mirando al suelo, su padre. No entendía que diablos estaba pasando, que hacia el ahí. ¿Era el a quien debía matar?
-¿Hijo? –pregunto su padre de pie – ¿que haces aquí?
-Respóndeme tu primer –sudando sin control y con las manos temblorosas -¿Qué es lo que tú haces acá?

-Bueno –rascándose la cabeza del nerviosismo- es una larga historia. Mi jefe dijo que lo debía esperar en este cuarto.
-¿No hay nadie mas acá?

-Hijo… ¿Qué es lo que pasa? -¡Respóndeme! Por favor papá.
-No, no hay nadie. ¿Dime que pasa? –estaba llorando, sabia que es lo que pasaba al ver el arma en su mano.

-Sucede que amo a una chica, tanto –traga la saliva mas asida que a sentido, y también vota lágrimas al verlo llorar como un bebe- que, soy capaz de matar a mi padre por ella.

Aprieta el gatillo. El cuerpo de su padre cae rendido a sus pies, la bala atravesó su corazón, no tiene conciencia de si mismo aun conserva la pose que tomo al disparar con la vista perdida, humedecida en llantos.
Después de un rato tocan a la puerta, era el oficial, le dice que baje, un auto negro lo estará esperando. Le pasa el arma y baja en completo silencio con sus ojos escarlatas y el alma empalidecida. Un auto negro le abre la puerta, dentro estaba Hans, pone su brazo en el hombro y le dice:

-Cruz, en ti reina la muerte y el amor-largándose a reír.

Primer paso (2ª parte)

viernes, 9 de noviembre de 2007


Con un cuchillo bajo la chaqueta, siguió a su amada con tal sigilo que hasta el mismo se olvidaba de su presencia cuando caminaba bajo la sombra y la gente lo mirabam extrañadas. Ella entró a una taberna a tomarse algo y él espero sentado en un oscuro callejón. Pasaron dos horas y empezó a desesperarse. Se puso de pie camino hacia el bar, pensó que dentro podrían estar los dos. Cruzó sin mirar la calle, puso la mano dentro de su chaqueta, afirmando el mango del cuchillo, estiro la mano para abrir la puerta cuando justo ella la abrió para salir, ágilmente se escondió detrás de la puerta, aguanto la respiración, su silencio era como el aire, miro hacia el cielo pensando que por poco y lo pillan, cerro los ojos y la siguió, pegado a las oscuras paredes.
La vio adentrarse por un angosto callejón y luego entrar a un departamento, la siguió hasta que vio al jamaicano abriéndole la puerta de su departamento. Se guardo la furia. Al pasar unas 4 horas más o menos, salieron del cuarto, ella le dio un beso y se marcho.
Espero a que bajase para abalanzarse sobre el hombre, le dio un golpe en las costillas y con un rodillazo le partió la nariz. Lo empujo hacia dentro, cerro la puerta con cuidado y con el cuchillo en la mano derecha le enterró el frió metal por la garganta, mientras se imaginaba la sonrisa de su amor, que ahora será solo suya, cuando, estruendosamente en el enorme silencio de la habitación, golpean a la puerta.
Su piel se empalidece, siente como los escalofríos suben y bajan por su cuerpo. Lo primero que su alborotada mente piensa es que quizás ella no se fue y volvió al departamento. "¿Qué hago?" Se preguntaba, mientras sin darse cuenta comienza ha caer su sudor sobre el cadáver.
“¿Hay alguien ahí?” escuchó de afuera, era una voz de hombre, lo cual le devolvió, en parte, el aliento. Fue a abrir la puerta, la dejó semi abierta, ocultando su mano ensangrentada sin percibir que su cara también tenía manchas.
Pero a quien vio afuera fue mucho más fuerte que haberla visto a ella. Un hombre, vestido de policía, quien se percato de la sangre en el cuerpo del joven, empujo la puerta y vio al jamaicano durmiendo en un charco de sangre. Entró al cuarto, cerro la puerta y le pregunto: “¿Tu hiciste esto?”
No sabia que diablos responder, no sabia que tanto se comprometería diciendo que no y que sí seria la respuesta mas descabellada. Pero justo cuando se preparaba para contestar el policía, le interrumpió, diciendo: “De que lió me haz sacado.” Sentándose en el sillón, se quitó el sombrero y se rascó desesperadamente la cabeza.
“¿Él te mando?”, preguntó. No supo que responder, ahora no entendía nada de nada. “¿Te mandó el jefe?”, volvió a preguntar, “No se de quien me habla” respondió asustado.
-¡Valla! ¿Entonces por que lo asesinaste? –Lo miraba con la mirada interrogativa de un policía –Da lo mismo, no me respondas, yo también tenia que matarlo. En verdad este es un papel un poco complicado para un oficial, puedo ayudar al jefe con una cuartada pero acecinar a la gente no es lo mió.
-¿Que va a hacer conmigo? –preguntó con un nudo en la garganta.
-No te asustes muchacho. Mira, esto es lo que vamos a hacer –Se agacho para sacar el chuchillo de la garganta –este cuchillo me lo guardare yo, no habrá evidencia. Pero tu te vienes conmigo ¡No pongas esa cara! Si no te voy a arrestar, vamos a dar una vuelta. Así como te ayudo a ti tú me ayudaras a mí.

“Tercer paso: Ahora, dentro del edificio, solo debes esperar, así como lo hiciste aquel día…la primera vez que acecinaste a alguien.”

Gracias.

Primer Paso. (1ª parte)

domingo, 4 de noviembre de 2007


Se detuvo justo donde debía estar, metió la mano al bolsillo y saco un arrugado papel, lo estiro sin mucho agrado y al leer lo que se supone debería ser el primer paso –como estaba escrito- aquella frase le empezó a dar vueltas en la cabeza. Tenía un pasado que lo condenaba con los primeros pasos. Como el primer beso.
Quien dice si fue muy tarde o temprano, a los 19 fue la primera vez que sintió amor. Era una chiquilla de ojos verdosos y tierna piel, que le desgarraba el sueño. La había visto ya 5 veces seguidas subirse por las tardes a la micro, vendiendo collares artesanales, cuando él iba al preu. Pasó un fin de semana entero pensando en una conversación, una invitación, un momento; para decirle que se estaba derritiendo y no era por los 31 grado de Santiago. Fue así como día tras día en el micro ella le fue dando a pedazos su confianza, hasta el momento en que él la invito a tomarse algo a su departamento, total su padre siempre volvía tarde. Y fue así como entre borrachera ella puso sus brazos en los hombros del muchacho y le dio un calido beso hasta entregarse fácil y sedosa a las manos excitadas del hombre.

“Primer paso: Recuerda que antes de entrar debes tener puestos el yoquey y los lentes. Dile a la señorita de recepción que estas invitado a la habitación 32. Si te pide nombre dale el mió.”

Aquella noche sintió que entre sus brazos tenia a una palomilla extraviada que solo buscaba quien la cuidara. Ya que entre sus confidencias contó que su padre ganaba millones en un trabajo “turbio” que, a ella, no le gustaba y que vendía collares para algún día irse a vivir bien lejos.
Se enamoro profundamente. Era una mezcla entre ambición y pasión, si era la única mujer que a amado en la vida. Eso lo supo el primer día en que se entero que ella salía con otro hombre a la vez. La vio, cuando iba al preu, lo estaba abrazando entremedio de la ola de gente. Por su aspecto jamaicano supo que fue él quien le enseño a hacer collares artesanales a ella.
Ahora, no le interesaba si ella lo amaba menos que a ese, solo que no tocase otra carne mas que la suya.
Por la noche se encontraron de nuevo en su departamento le pidió entre besos que dejase a ese hombre, pero ella le respondió de manera seria –Él esta primero que tú- mira su reloj, rápidamente se viste y se marcha, sin decir chao, dejando la puerta abierta.

 
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